Programa 314 (20 Septiembre 2026): Mario Cesar Gomila

 

En la larga y pintoresca caravana de hombres que hicieron el tango, hay algunos cuyos nombres quedaron prendidos a la música sin que la historia se ocupara demasiado de ellos. Mario César Gomila pertenece a esa legión de poetas de segundo plano, hombres que acaso no hayan alcanzado la fama de un Discépolo, un Cadícamo o un Manzi, pero que supieron dejar, aquí y allá, unos versos que todavía conservan el perfume de la época.

Gomila nació en Buenos Aires el miércoles 7 de junio de 1905, y murió el sábado 8 de octubre de 1960. No es mucho lo que ha quedado sobre su vida. Sabemos, sí, que en alguna oportunidad utilizó también el seudónimo de César Milagro, y que su nombre aparece asociado a una serie de páginas tangueras de indudable interés.

Su mundo poético fue el de los grandes temas del tango: el amor que se fue, el recuerdo, la pena, el desencanto y esa nostalgia que parece ser patrimonio exclusivo de Buenos Aires. Pero Gomila no fue de los que necesitaron llenar el verso de lunfardo para hacerlo porteño. Su lenguaje es, por lo general, sencillo y directo; sentimental, sí, pero sin caer en el empalago. Hay en sus letras algo de conversación entre dos hombres después de la medianoche: la confesión de una pena, el recuerdo de un viejo amor, alguna cuenta que la vida dejó sin saldar.

Entre sus títulos figuran “El arranque”, “Mi viejo amor”, “Punto y banca”, “Luna arrabalera” y “Arolas”, páginas que permiten reconocer ese tono suyo, hecho de melancolía y de una cierta dignidad frente al fracaso.

Pero donde el nombre de Gomila adquiere especial relieve es en su relación con los hermanos De Caro. No fue una colaboración aislada. Trabajó con Julio De Caro en varias oportunidades, entre ellas en “El arranque”, “Punto y banca” y “El mareo”. Y también escribió sobre música de Francisco De Caro, uno de los más grandes melodistas que dio nuestra música, con quien aparecen títulos como “Flores negras”, “Mi viejo amor” y “Bibelot”.

De modo que Gomila tuvo un contacto particularmente sostenido con aquella familia musical que tanto contribuyó a transformar la fisonomía del tango. Su nombre aparece una y otra vez junto al de Julio y Francisco, y no como una mera firma ocasional. Sobre todo en el encuentro con Francisco De Caro parece haber existido una afinidad natural: a las melodías refinadas, íntimas y románticas del pianista, Gomila supo arrimarle palabras sin estridencias, palabras que no necesitaban gritar para decir su pena.

Y ése es, quizá, el lugar que corresponde reservarle en la historia del tango. Mario César Gomila no fue un hombre de grandes proclamas ni de biografía abundante. Fue, sencillamente, un letrista de buena estirpe porteña, sentimental sin ser llorón, arrabalero sin caer en el color local de utilería, y capaz de entender que, muchas veces, el verso más eficaz es el que parece haber sido dicho al oído.

Poco más sabemos de su vida. Pero quedan los títulos, quedan las músicas de los De Caro y quedan esos versos que, como tantas cosas del viejo Buenos Aires, no hicieron demasiado ruido al nacer y sin embargo se resisten a desaparecer.

Hoy escuchamos/Today we listened to:

  1. Alma mia

  2. Bibelot

  3. Páginas muertas

  4. Esquelas

  5. No vendrás (pedido)

  6. El amor desolado (pedido)

  7. Luna arrabalera

  8. Soy milonguero

Programa 314 La Vermu
Mario Gomila
 
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